Es un regalo la vida
el movimiento, la voz;
y la luz de la mañana
otro regalo de Dios.
Llueve, hace sol y graniza
y quiere nevar un poco
el viento aumenta su brisa
silva a la orilla del pozo.
Tengo la estufa encendida
y la puerta está cerrada,
pero entra por la rendija
olor a tierra mojada.
Es otoño, casi invierno,
el silencio me acompaña
y de vez en cuando un mirlo
en la acacia canta y canta
En la parcela de enfrente
segaron los girasoles
y ya no tiene comida
la bandada de gorriones.
La nubes pasan corriendo
no saben donde quedarse;
y el sol juega complaciente
al escondite en la tarde.
Me quedo mirando al cielo
con los pies sobre la tierra
y dejo volar el verso
por el campo de la idea.
©Julie Sopetrán
Maravilloso este instante que se eterniza en el tiempo. Observar la Naturaleza nos hace mejores personas y contar con versos esa sensaciones nos convierte en mensajeros de la belleza y de la paz. Me encantó el poema, Julie.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo
Joaquín, te tengo abandonado en mi lectura. Pero qué alegría he sentido al leer tu comentario. Muchas gracias, amigo. Sabes cuánto disfrutamos viendo sencillamente el paisaje, lo que nos rodea. Todo es como un regalo inapreciable. Deseo que estés bien. Muchas muchas gracias. Mi abrazo fuerte.
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